Coplas por la muerte de su padre
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| Página de la Glosa famosísima sobre las coplas que hizo don Jorge Manrique a la muerte del maestre de Santiago su padre, de Alonso de Cervantes. Tal vez se trate de la primera edición, Lisboa, 1501. El vihuelista Alonso Mudarra las musicó en el siglo xvi, y fueron glosadas además por numerosos autores (…) La estrofa manriqueña (el pie quebrado), no solo fue admirada, sino ensayada por los románticos, como Zorrilla y Espronceda, y por los modernistas, como Rubén Darío y Amado Nervo. Y, en el siglo xx, Antonio Machado la definió como «palabra en el tiempo» y calificó a Manrique de poeta castellano más admirable“ La joven Isabel reina de Castilla lee las coplas III y V del poeta |
en la serie Isabel de RTVE
Otras lecturas de voz masculina
de las Coplas:
I
Recuerde...
A
III
Nuestras...
V
Este mundo...
VII
Ved...
VIII
Decidme...
Y al final unas coplas musicalizadas e interpretadas por Amancio Prada
Las siguientes coplas al destacar la caducidad del mundo terrenal, hacen desfilar delante de nuestros ojos un retrato vivo de la sociedad feudal castellana y sus costumbres.
| XVI | ¿Qué se hizo el rey don Juan? Los infantes de Aragón ¿qué se hicieron? ¿Qué fue de tanto galán, qué fue de tanta invención como trujeron? Las justas y los torneos, paramentos, bordaduras, y cimeras, ¿fueron sino devaneos? ¿Qué fueron sino verduras de las eras? | Juan II de Castilla |
| XVII | ¿Qué se hicieron las damas, sus tocados, sus vestidos, sus olores? ¿Qué se hicieron las llamas de los fuegos encendidos de amadores? ¿Qué se hizo aquel trovar, las músicas acordadas que tañían? ¿Qué se hizo aquel danzar, aquellas ropas chapadas que traían? |
| XVIII | Pues el otro, su heredero, don Enrique, ¡qué poderes alcanzaba! ¡Cuán blando, cuán halaguero el mundo con sus placeres se le daba! Mas verás cuán enemigo, cuán contrario, cuán cruel se le mostró, habiéndole sido amigo, ¡cuán poco duró con él lo que le dio! | Enrique IV de Castilla. Halaguero: halagüeño. |
| XIX | Las dádivas desmedidas, los edificios reales llenos de oro, las vajillas tan fabridas, los enriques y reales del tesoro, los jaeces y caballos de su gente, y atavíos tan sobrados, ¿dónde iremos a buscallos? ¿qué fueron sino rocíos de los prados? | Fabridas: pulidas. |
| XX | Pues su hermano, el inocente que en su vida sucesor se llamó, ¡qué corte tan excelente tuvo y cuánto gran señor que le siguió! Mas como fuese mortal, metiólo la muerte luego en su fragua, ¡oh juicio divinal! Cuando más ardía el fuego, echaste agua. | Alfonso, proclamado Alfonso XII en vida de Enrique IV |
| XXI | Pues aquel gran Condestable Maestre que conocimos, tan privado, no cumple que dél se hable, sino sólo que lo vimos degollado. Sus infinitos tesoros, sus villas y sus lugares, su mandar, ¿qué le fueron sino lloros? ¿que fueron sino pesares al dejar? | Álvaro de Luna Privado: que disfruta de privanza o favor de un poderoso (en este caso de Juan II). |
| XXII | Pues los otros dos hermanos, maestres tan prosperados como reyes, que a los grandes y medianos trajeron tan sojuzgados a sus leyes; aquella prosperidad que tan alta fue subida y ensalzada, ¿qué fue sino claridad, que cuando más encendida fue matada? | Juan Pacheco, maestre de Santiago, y Pedro Girón, maestre de Calatrava. Matar la luz es apagarla. |
| XXIII | Tantos duques excelentes, tantos marqueses y condes, y barones, como vimos tan potentes, di, Muerte, ¿dó los escondes y traspones? Y las sus claras hazañas que hicieron en las guerras y en las paces, cuando tú, cruda, te ensañas, con tu fuerza las atierras y deshaces. | Aterrar: tirar a tierra. |
| XXIV | Las huestes innumerables, los pendones y estandartes, y banderas, los castillos impugnables, los muros y baluartes y barreras, la cava honda chapada, o cualquier otro reparo, ¿qué aprovecha? cuando tú vienes airada todo lo pasas de claro con tu flecha. | Impugnables: inexpugnables. Cava chapada: foso defendido, guarnecido. Reparo: precaución. |
“… a tenor de los conocimientos médicos de su época, Manrique señala las fases por las que el alma dormida sale del sueño: primero, recordar, que etimológicamente, es volver (la sangre) al corazón, luego, avivar el seso, despejar las entendederas; finalmente, despertar…”

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