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| Miniatura del manuscrito de la historia de Bayad y Riyad, al-Andalus, siglo XIII (Biblioteca apostólica vaticana, Roma) |
El problema de la lengua romance de al-Andalus es muy complejo. En primer lugar se la denomina impropiamente mozárabe, porque se suponía que era la lengua de los cristianos de al-Andalus, que por cierto no se llamaron mozárabes hasta que precisamente vivieron ya en tierras cristianas, emigrados de al-Andalus, en el siglo XI, con este término que significa arabizado. Ahora son estos mismos cristianos andalusíes, repobladores de Toledo en el siglo XI, los que nos hacen sospechar que la lengua romance de al-Andalus desapareció en este siglo como vehículo de expresión: estos «mozárabes» de Toledo escriben sus documentos en árabe, estando en tierras cristianas, es decir, sin que les obligue nadie a utilizar la lengua árabe, prueba en nuestra opinión de que estaban -y eran los cristianos- completamente arabizados.
Dado el carácter de koiné literaria de la lengua árabe, la literatura árabe clásica fue siempre un producto de las elites de la sociedad arabigomusulmana y posiblemente no salió a la calle sino con los zéjeles, poemas en lengua árabe dialectal, que tal vez convirtieron a los poetas en juglares. Al menos sabemos que había juglares moros en las cortes cristianas de la Península Ibérica.
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| Representación de un músico musulmán y otro cristiano en uno de los manuscritos de las Cantigas de Alfonso X El Sabio (s. XIII). |
La literatura árabe medieval es sobre todo erudición, incluso la poesía. Fuera de los ambientes públicos y lúdicos, donde la literatura árabe rinde tributo al mundo mediterráneo al que pertenece, donde es la reina, los literatos árabes escribieron sus libros -sus Kitāb-, o sus poemas rodeados de papeles, libros, apuntes, fichas que leían a la luz de hachones, de candiles de aceite, de candelabros de oro, según su clase social. Durante muchas horas, días, años, escribieron con sus afilados cálamos en páginas blancas en las que la escritura árabe se dibujaba con tinta negra o roja. La indolencia y la sensualidad desenfrenada oriental sólo forman parte de nuestra propia imaginación. La literatura árabe medieval es obra de «clérigos» en el sentido medieval de letrados, sin notas de orden sacerdotal. (...) Como en el caso de los hombres, las fuentes cristianas nos hablan de la existencia de juglaresas moras que aparecen hasta en el Arcipreste de Hita, aunque siempre relacionadas con la música o la danza.
Las jarchas hispánicas
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Es decir:
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Tras la época almohade, la voz femenina enmudece como si al recuperar la identidad andalusí en el reino de Granada el velo del harén que se había levantado como cortina de jaima bereber hubiese de nuevo caído.
XI La huella literaria de al-Andalus
El romance de Abenámar
Sin embargo, pudo haber poetas o juglares de la poesía narrativa castellana que fuesen originariamente musulmanes y que estuviesen impregnados de las dos culturas. Sólo es así explicable el romance de Abenámar, impregnado de elementos literarios árabes, alguno de los cuales ya hemos mencionado. Es un auténtico romance zegrí o fronterizo, producto de la fusión de dos culturas.
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