Gracias al blog de Carlos Campa por hacernos descubrir el siguiente comentario de Fernando Lázaro Carreter, al que iré quitando las partes más difíciles, pero que se puede leer completo en el blog de Campa.
En la luna negra
de los bandoleros,
cantan las espuelas.
de los bandoleros,
cantan las espuelas.
Caballito negro,
¿Dónde llevas tu jinete muerto? 5
...Las duras espuelas
del bandido inmóvil
que perdió las riendas.
Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo! 10
En la luna negra,
sangraba el costado
de Sierra Morena.
Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto? 15
La noche espolea
sus negros ijares
clavándose estrellas.
Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo! 20
En la luna negra,
¡un grito!, y el cuerno
largo de la hoguera.
Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto? 25
1. Primer acercamiento (Contenido y estructura).
La lectura del poema nos ha colocado ante un cuadro fantasmal: un bandido muerto es llevado -hacia dónde?- por su caballo, mientras la Naturaleza, en torno, parece sacudida, animada, por la tragedia.
No sabemos nada sobre las circunstancias de la muerte. Evidentemente no nos hallamos ante un poema narrativo: se elude el posible contexto (la anécdota), para reducir el poema a unas puras líneas lírico-descriptivas.
Este “llanto por un bandido” nos revela, por otra parte, la actitud del autor: Lorca hablaba en cierta ocasión de su “comprensión por los perseguidos” (también hay toda una tradición popular de simpatía hacia cierto tipo de bandolero).
En su estructura externa, la Canción nos presenta cinco
unidades construidas según un mismo esquema métrico: primero una tercerilla de hexasílabos (algo semejante al ritmo popular de las “soleares”); luego, un pareado “irregular”, compuesto por un hexasílabo y un decasílabo, y que viene a ser como un estribillo con dos variantes.
Nótese que la rima es la misma para todas las tercerillas (asonancia en é-a), mientras que varía para cada estribillo (é-o, í-o). Estos cambios de ritmo y de rima crean una dualidad musical que justifica el título: Canción.
En las formas de la canción popular se ha inspirado conscientemente Lorca.
También en la estructura interna (desarrollo del tema) hay que hacer una doble distinción. En los estribillos alternan una pregunta (desconcierto) y una exclamación (dolor). Entre los estribillos, las dos primeras tercerillas se centran en el personaje; las dos siguientes desarrollan una visión animada del paisaje nocturno; la última es un misterioso y dramático remate del poema.
2. Análisis del texto (expresión y contenido).
Una advertencia necesaria: un poeta como Lorca tiene mucho de visionario. La realidad queda sometida en sus versos a insólitastransmutaciones. Paralelamente, su lenguaje trastorna los hábitos de nuestra expresión cotidiana. Del poema recibiremos impactos que nuestra sensibilidad tendrá que interpretar para llegar a una visión coherente, aunque no cuadre con la fría lógica. Veamos -estrofa a estrofa- qué nos sugiere, qué sorprendentes visiones nos propone esta Canción del jinete.
Nuestra sorpresa comienza en el primer verso: En la luna negra... Una primera transmutación de la realidad. Frente a lo que se podía esperar (luna “blanca”, “pálida”, “llena”, etc.), el insólito adjetivo hace que una luna irreal, espectral, se cierna sobre el cuadro: es el color del luto, de la muerte. Con un excepcional toque fúnebre empieza, pues, el poema. Y esa “luz negra” se difundirá por toda la Canción, merced a unas insistentes reiteraciones que iremos viendo.
(...)
En el nuevo estribillo, se diría que la frialdad de la muerte se desplaza del hombre al caballo (caballito frío), como si algo de la muerte se difundiera en el animal. (Este tipo de “desplazamientos calificativos”, como se les ha llamado, es frecuente en Lorca.) Sigue ahora una intensa exclamación: ¡Qué perfume de flor de cuchillo! El nombre del arma mortífera se asocia, en violento contraste, con sustantivos como perfume y flor. Podría comprobarse cómo, en otros poemas de Lorca, la sangre de una herida es clavel o granada. Se trata, pues, de la visión y del olor de la sangre, pero esas notas sensoriales quedan magnificadas, trágicamente embellecidas, gracias a ese audaz juego del lenguaje poético.
Al principio de la estrofa siguiente, se repite el verso que iniciaba el poema: En la luna negra. La reiteración, recurso fundamental en poesía, es un toque obsesionante en este caso, como antes decíamos. Tras él, otra asombrosa visión de paisaje: sangraba el costado - de Sierra Morena. He aquí una auténtica creación de visionario, una nueva y tremenda distorsión de la realidad: la Naturaleza sangra, como sangra el cuerpo del jinete. Se confirman nuestras intuiciones anteriores: es como si el poeta quisiera difundir la tragedia por todo el entorno. También autores de otros tiempos nos presentaban un paisaje acorde con sus propios sentimientos o con los de sus personajes, pero ¡cuánto más lejos va Lorca con la imagen de esta sierra herida en su costado!
Comentado ya el estribillo, pasamos a otra estrofa en la que la visión de una Naturaleza animada alcanza la cima del paroxismo. La noche, ahora, se convierte en otro caballo (...) todo en esta estrofa -la visión de esa noche frenética, las palabras, el ritmo- es un espléndido ajuste entre el contenido y la expresión.
Y más allá de la triste letanía del estribillo, llegamos a la estrofa final. Bajo esa obsesiva luna negra (nueva reiteración), se alza un grito: breve sintagma nominal reforzado por los signos de exclamación. Y una última pincelada en el cuadro: es una agresiva metáfora que convierte la llama de la hoguera en un temible cuerno largo. Pero, ¿quién lanza ese grito?, ¿qué hoguera es ésa? ¿Acaso ha llegado el caballo al campamento de los compañeros del bandido muerto? ¿Pasa junto a gentes que se calientan en torno a una fogata? Cada lector es libre de imaginar..., pero insistamos: Lorca no narra, no pretende explicitar, sino sugerir. La exclamación y la metáfora de estos versos escuetos se nos proponen como puras -y dramáticas- cargas verbales.
El caballito negro continúa adelante. Y al final del poema sigue sonando la desconsolada pregunta: ¿Dónde llevas tu jinete muerto?
Conclusión.
(...)
Sabia maestría y fuerza vital: he aquí el doble signo que preside la potente figura creadora de Federico García Lorca.

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